Los estudios realizados sobre la arquitectura latinoamericana ayudaron a dar reconocimiento a varios arquitectos que hasta ese momento habían sido poco considerados por la crítica, como Eladio Dieste, Rogelio Salmona, Severiano Porto y José Ignacio “Togo” Díaz. Sin embargo, también hubo ausencias importantes, ya que figuras como Luis Barragán y Lina Bo Bardi recibieron poca atención, mientras que Paulo Mendes da Rocha ni siquiera fue mencionado. A pesar de estas limitaciones, uno de los aspectos más valiosos del trabajo de Marina Waisman fue la investigación que realizó para reunir y difundir información sobre la arquitectura de la región, especialmente en una época en la que existían pocas oportunidades para conocer las obras desarrolladas en otros países latinoamericanos. Más allá de reconocer a diferentes arquitectos, Waisman buscaba fortalecer una identidad propia y demostrar que América Latina podía desarrollar una arquitectura que respondiera a sus condiciones culturales y sociales, en lugar de depender de las tendencias provenientes de otros lugares. Aunque conceptos como identidad, modernidad, regionalismo e integración pueden parecer menos vigentes en la actualidad, en su momento permitieron cuestionar la manera en que se entendía la arquitectura de la región y plantear otras posibilidades. Por eso, su trabajo sigue siendo importante, ya que ofrece una base teórica para reflexionar sobre los problemas y desafíos que enfrentan la arquitectura y el urbanismo latinoamericanos en la actualidad.