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Un modelo del comportamiento
suicida con base en el aprendizaje
La Suicidalidad como Estilo de Afrontamiento Inefectivo Basado en la Evitación
El mito cultural del malestar:
La cultura enfatiza sentirse bien como sinónimo de salud y ver el malestar como un problema que debe resolverse de inmediato.
La trampa de la evitación y el sufrimiento:
Evaluar el dolor emocional como tóxico genera hipersensibilidad, intolerancia y un monitoreo constante que transforma el dolor en sufrimiento.
Capacidad adquirida para el dolor:
El desarrollo del comportamiento suicida requiere una historia de exposición a eventos dolorosos (como deportes extremos, lesiones o la muerte de otros) que reducen la función aversiva del daño autoinfligido mediante aprendizaje inhibitorio.
Estilos de resolución de problemas:
Estilo basado en la evitación:
Se caracteriza por la sobreidentificación con el dolor psicológico y el uso excesivo de estrategias de control para eliminar PIMES (pensamientos, impulsos, memorias y sensaciones físicas desagradables).
Estilo basado en valores:
Contempla el dolor emocional como parte inherente de la vida, estableciendo la meta de aceptarlo y responder de manera consistente con lo que es importante a largo plazo.
Antecedentes y consecuencias de la suicidalidad:
Antecedentes:
Incluyen estímulos discriminativos y operaciones de establecimiento como la percepción de ser una carga, la falta de conexión, el rechazo y la intolerancia al malestar.
Consecuencias y funciones:
El comportamiento es modelado y moldeado a lo largo de la vida, manteniéndose mediante reforzamiento interno (mitigación de PIMES) y externo (obtener ayuda o eliminar obstáculos), alineándose con el modelo de cuatro funciones (Nock & Prinstein, 2004).
El dilema y la paradoja de la evitación:
Los intentos de suprimir las emociones negativas producen un efecto rebote a mediano y largo plazo que hace que el dolor regrese más intenso e incontrolable, perpetuando el ciclo suicida.
Las Tres "I" del Comportamiento Suicida
Según Chiles, Strosahl y Roberts (2019), las crisis suicidas ocurren en situaciones de intenso dolor emocional caracterizadas por tres dimensiones críticas:
Inescapable:
La percepción de que no hay estrategias de resolución de problemas efectivas disponibles.
Estas vivencias se originan ante desafíos externos o situaciones problemáticas que exceden el repertorio de habilidades del individuo o debido al uso persistente de estrategias de afrontamiento orientadas a la evitación.
Interminable:
La expectativa de que el malestar emocional será continuo y nunca desaparecerá.
Intolerable:
La experiencia de que el dolor supera el umbral de resistencia de la persona
Introducción al Modelo Clínico
El comportamiento suicida o suicidalidad se conceptualiza como una estrategia de regulación emocional y resolución de problemas orientada a la evitación y escape de un malestar intenso.
Funciona también como un método para cambiar situaciones de vida estresantes
El modelo destaca tres componentes predisponentes principales (Chiles, Strosahl y Roberts, 2019):
La presencia de estados emocionales displacenteros intensos e inaceptables generados por eventos instigadores internos o externos.
Un estilo de resolución de problemas pasivo derivado de la tendencia aprendida y reforzada de controlar y evitar el dolor psicológico.
El escalamiento a largo plazo de la suicidalidad porque las estrategias de control y supresión fallan a mediano plazo, conduciendo a intentos cada vez más extremos y autolesiones.