La evaluación en Educación Superior no puede entenderse únicamente como una técnica para medir resultados. Es una práctica educativa, humana y social en la que el docente ejerce una responsabilidad ética: debe recopilar y analizar información de manera rigurosa, utilizar criterios claros, emitir juicios fundamentados, tomar decisiones responsables, respetar la dignidad y diversidad de los estudiantes, actuar con profesionalidad y comprender que sus decisiones evaluativas tienen consecuencias no solo en el aprendizaje individual, sino también en la formación de los futuros profesionales y en la sociedad.