El modelo Clovis-first, no obstante, ha dejado de tener interés para una gran parte de los arqueólogos, principalmente latinoamericanos. Ello por varias razones: primero, porque Clovis no es la primera cultura que aparece en el registro arqueológico ni en Norteamérica (Cactus Hill, Meadowcroft), ni en Sudamérica (Monte Verde). Segundo, porque Clovis parece ser un desarrollo local de las grandes planicies, pues no se han localizado puntas acanaladas en Asia, mientras que en Alaska no parece haber verdaderas puntas acanaladas, y éstas son más tardías
El segundo modelo integra a aquellos autores que consideran el ingreso al continente americano como un proceso con gran profundidad temporal (hasta 30,000 o 40,000 años) llevado a cabo por grupos con una tecnología generalizada basada en lascas y núcleos. Aunque este grupo se ha denominado como “radical” en cuanto a su propuesta -en comparación con los “conservadores” Clovis-first
Alan Bryan, opina que estas poblaciones muy tempranas habrían ingresado a nuestro continente llevando consigo una tecnología relativamente simple de instrumentos de núcleos y lascas del Paleolítico Medio, de la cual derivarían las distintas tradiciones de talla bifacial de Norte y Sudamérica incluidos los distintos tipos de puntas de proyectil tempranas, como Clovis, “cola de pescado”, y puntas El Jobo (consideradas por él equiparables al Paleolítico Superior
Otras propuestas recientes, como la de Ann Roosevelt (2000), sugieren que los primeros pobladores no eran cazadores de megafauna ligados a puntas acanaladas sino cazadores recolectores que empleaban puntas triangulares, como la cultura Nenana, los cuales habrían explotado ecosistemas tan diversos como la selva amazónica en Sudamérica