Según las investigaciones realizadas por biólogos de campo, la abundancia de alimento en la zona donde habita permite que en poco tiempo el gallito de las rocas macho satisfaga sus necesidades alimentarias, quedando libre para dedicarse a su complejo sistema de competencia dentro de la bandada. La hembra, en cambio, se encarga sola de la incubación y el cuidado de las crías. Esta dedicación uniparental podría deberse a que el tráfico continuo del macho por las cercanías del nido atraería la atención de los depredadores (águilas, serpientes, hurones y coatíes), añadiendo un factor de riesgo al de por sí peligroso esfuerzo de criar una camada de polluelos. El color apagado de las hembras toma entonces un valor fundamental, ya que sirve, junto a sus poco conspicuos nidos, para evitar ser detectada por sus enemigos.