la conservación del patrimonio vernáculo requiere mucho más que reparar los daños visibles de una edificación, pues también implica comprender sus sistemas constructivos, los materiales originales y su relación con el entorno. El deterioro, el abandono, la falta de recursos económicos y la sustitución de técnicas tradicionales representan algunos de los principales obstáculos para su preservación. Por ello, resulta fundamental documentar las construcciones existentes, realizar diagnósticos adecuados y proponer alternativas de mantenimiento y reutilización compatibles con sus características originales. Desde la perspectiva arquitectónica, conservar este patrimonio significa proteger tanto los edificios como los conocimientos, las tradiciones y la memoria colectiva que representan.