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Conservación en la arquitectura de madera Antonio Andrés López Gómez …
Conservación en la arquitectura de madera
Antonio Andrés López Gómez
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Históricamente, la madera ha sido un recurso esencial gracias a su abundancia y adaptabilidad técnica; sin embargo, por tratarse de un material orgánico, tiende a degradarse naturalmente al quedar a la intemperie. (Ibáñez Ojeda et al., 2012).
Introducción
La madera ha constituido uno de los recursos estructurales más universales y accesibles en la edificación debido a sus notables propiedades de resistencia y versatilidad; sin embargo, al tratarse de un tejido orgánico vegetal, posee una vulnerabilidad intrínseca que la hace susceptible a la biodegradación y al deterioro ambiental .(Carreras Rivery, 2014).
Su vigencia actual es indiscutible. Las cualidades que posicionan a la madera como un material predilecto en el diseño contemporáneo son exactamente las mismas que motivaron su empleo histórico, explicando su protagonismo en el patrimonio edificado.(Carreras Rivery, 2014).
Más allá de las virtudes que motivaron su uso masivo, posee particularidades que determinan el lenguaje de la arquitectura construida con ella y condicionan directamente su estado de conservación. (Landa Esparza & Ochandiano, 2016).
Desarrollo
Cualquier proyecto de restauración o conservación sobre bienes patrimoniales de madera carece de sustento técnico si no parte de un examen analítico riguroso que determine con precisión la especie botánica original y evalúe el grado de descomposición celular del elemento; en consecuencia, resulta indispensable priorizar métodos de inspección no destructivos y medidas de protección preventiva antes de optar por consolidantes o tratamientos químicos invasivos que puedan alterar las propiedades intrínsecas del material histórico (Carreras Rivery, 2014).
La susceptibilidad de la madera frente al desgaste ambiental, físico y biológico siempre ha limitado ciertos usos. Debido a esto, históricamente se ha buscado intervenirla o tratarla para alargar su vida útil, pasando de soluciones tradicionales hechas con sustancias naturales hasta los plásticos y polímeros que usamos hoy en día (Carreras Rivery, 2014).
Sin embargo, cuando se trata de atender estas patologías no podemos actuar a ciegas ni dejar las cosas a la improvisación. Tampoco se trata de meter químicos de forma indiscriminada; cualquier intervención seria tiene que partir forzosamente de un diagnóstico científico que use métodos no invasivos para no dañar más la pieza histórica (Carreras Rivery, 2014).
Es fundamental reconocer con exactitud la especie de la madera y evaluar qué tan avanzada está la descomposición celular del material (Carreras Rivery, 2014). Solo teniendo claro ese panorama técnico es posible plantear medidas de conservación preventiva y cuidar la aplicación de consolidantes o tratamientos sintéticos, asegurando que no alteremos las propiedades mecánicas ni la respuesta estructural del elemento original.
La autenticidad material de un inmueble radica en la veracidad y credibilidad de todos los elementos que lo componen, particularmente sus entramados de madera. Las huellas del tiempo y las alteraciones sufridas a lo largo de su existencia no constituyen defectos que deban removerse, sino que funcionan de manera análoga a las páginas de un libro que relatan la historia viva de la construcción; por ello, la preservación debe orientarse al respeto integral de la materia original antes que a su sustitución.
Landa Esparza y Ochandiano, 2016)
Frente al daño estructural, la norma prioriza ensambles de madera derivados de técnicas tradicionales (Landa Esparza y Ochandiano, 2016). El empleo de materiales ajenos debe ser excepcional. Sin embargo, las diferencias en su comportamiento físico suelen detonar patologías imprevistas; por ende, cualquier sustitución demanda una evaluación previa minuciosa. (Landa Esparza y Ochandiano, 2016)
Para diversos usos, la madera en estado natural presenta limitaciones frente al deterioro ambiental, físico y biótico, impulsando desde épocas remotas la aplicación de tratamientos modificadores con resinas naturales o polímeros modernos. Paralelamente, las interacciones orgánicas y minerales del entorno generan modificaciones naturales que van desde la degradación biológica hasta efectos estéticos tradicionales o procesos de fosilización geológica, donde las sales inorgánicas reemplazan el tejido leñoso manteniendo inalterada su morfología (Carreras Rivery, 2014).
Para prolongar su durabilidad, la madera se somete a tratamientos químicos cuyas sustancias reaccionan con el material o saturan sus cavidades celulares (Carreras Rivery, 2014).
Comprender el deterioro exige articular la ingeniería química para evaluar la permeabilidad del material con la microbiología y la entomología. Estas últimas permiten identificar hongos e insectos xilófagos mediante el análisis de sus ciclos biológicos y actividad enzimática (Ibáñez Ojeda et al., 2012).
La intervención técnica opta por la mínima intervención mediante prótesis e injertos tradicionales de madera, evitando sustituciones masivas y materiales ajenos incompatibles (Landa Esparza y Ochandiano, 2016).
Aplicar estas soluciones exige proveer madera equivalente en especie,mantener la humedad a la original Paralelamente, demanda carpinteros diestros en técnicas tradicionales. Por ende, es imperativo involucrar arquitectos y especialistas interdisciplinarios formados en conservación patrimonial. (Landa Esparza y Ochandiano, 2016).
Prevenir plagas exige hermetismo del inmueble, control de humedad y limpieza sistemática en todas las salas. Ante infestaciones, se prefieren soluciones no invasivas frente a tratamientos químicos, los cuales se reservan como última alternativa tras analizar su inocuidad material.(Carreras Rivery, 2014)
La radiación electromagnética ultravioleta (< 380 nm) degrada la lignina, causando decoloración, desfibramiento y tensiones mecánicas por dilatación térmica (Carreras Rivery, 2014). Por ende, mitigar este daño exige limitar la exposición lumínica y mantener la estabilidad termo-higrométrica del entorno (Carreras Rivery, 2014).
Las fluctuaciones termohigrométricas inducen tensiones mecánicas, hinchamiento y deformación en la madera por absorción de agua (Carreras Rivery, 2014). Por ende, valores de humedad mayores al 65% y temperaturas superiores a 20 °C aceleran el ataque de mohos e insectos xilófagos (Carreras Rivery, 2014)
Mantenimiento preventivo: control ambiental periódico de humedad y ventilación para evitar la recolonización de agentes xilófagos (Ibáñez Ojeda et al., 2012).
La prevención involucra la estabilidad climática del edificio, la higiene constante y el aislamiento de piezas externas. Por ende, vigilar plagas y protocolizar las rutinas operativas del personal salvaguarda las colecciones y la seguridad en los museos.(Carreras Rivery, 2014
bibliografía
Ibáñez Ojeda, C. M., Mantero Álvarez, C. E., Rabinovich, M., Cecchetto, G., & Cerdeiras González, M. P. (2012). Deterioro y preservación de madera. Revista Digital Universitaria, 13(5), 1–15.
Landa Esparza, M., & Ochandiano, A. (2016). Patrimonio y madera. Hacia una teoría para su preservación. Papeles del Partal: revista de restauración monumental, (8), 11–33.
Carreras Rivery, R. (2014). La conservación de la madera en el patrimonio cultural [Propuesta de libro docente no publicada, Instituto Superior de Arte (ISA)]. La Habana, Cuba.
Factores de deterioro y proceso de restauración
Contexto del tema
Integridad
Susceptibilidad y Factores de Mantenimiento
Restauración de bienes patrimoniales
La madera y la arquitectura historicamente
Patrimonio historico
Prevención
Intervencion