Hoy en día, la información es uno de los activos más valiosos para cualquier organización, ya que de ella dependen las decisiones estratégicas, la innovación, la competitividad y, en escenarios críticos, la misma seguridad nacional. Aunque la digitalización facilita el almacenamiento y la gestión de grandes volúmenes de datos, también les abre la puerta a delincuentes y competidores desleales que buscan vulnerar esos entornos. En este escenario aparece el espionaje industrial, una práctica que migró de los métodos tradicionales de infiltración física hacia operaciones cibernéticas complejas que combinan herramientas tecnológicas con la manipulación psicológica de las personas.