El aula invertida (o flipped classroom) es un modelo pedagógico que surgió a principios de los años 2000 como una forma de aprovechar mejor el tiempo en clase. Su origen se atribuye principalmente a los profesores Jonathan Bergmann y Aaron Sams, quienes comenzaron a grabar sus clases en video para que los estudiantes las vieran en casa antes de asistir al aula.
Con este enfoque, el tiempo presencial se dedica a resolver dudas, realizar actividades prácticas, trabajar en equipo y desarrollar el pensamiento crítico, mientras que la explicación de los contenidos se estudia previamente mediante videos, lecturas u otros recursos digitales. Con el avance de las tecnologías educativas, el aula invertida se difundió ampliamente y hoy es una de las metodologías activas más utilizadas en distintos niveles educativos.