El parto tiene gran importancia clínica porque es el momento en que se concentran los principales riesgos obstétricos inmediatos, como la distocia, el sufrimiento fetal, la hemorragia y las complicaciones del alumbramiento. Por eso se vigilan la dinámica uterina, la dilatación cervical, la frecuencia cardiaca fetal y la evolución del descenso, ya que estas variables ayudan a decidir si el trabajo de parto sigue un curso normal o si requiere intervención médica o quirúrgica.