El turismo interviene directamente en la producción de sentido del territorio, ya que el paisaje no es un objeto neutro, sino un sistema de significación mediado culturalmente. Cuando se activa turísticamente, ciertos elementos del paisaje se reinterpretan, se enfatizan o se fijan como representativos, estableciendo un régimen interpretativo dominante que orienta su percepción y gestión (Cárdenas, 2016). De esta forma, el turismo no solo utiliza el paisaje, sino que participa activamente en su resignificación.
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