Calificar, por otro lado, implica la asignación de un valor numérico o alfabético con base en los resultados obtenidos a partir de la medición. Este proceso asigna un juicio sobre el rendimiento del estudiante, determinando si ha alcanzado los objetivos planteados. Las calificaciones suelen presentarse en escalas numéricas o literales, como una nota de 1 a 10, o de A a F, para indicar el nivel de rendimiento. Sin embargo, se ha cuestionado su eficacia en reflejar el aprendizaje real, ya que no siempre capturan el desarrollo integral de competencias o habilidades más complejas (Yzaguirre, 2001).