Con el paso de los siglos, los científicos empezaron a sentir que este sistema no era satisfactorio porque parecía más un conjunto de parches que una explicación clara de cómo funciona el universo. En el Renacimiento, cuando surgió el interés por buscar soluciones más simples y coherentes, Copérnico propuso que el Sol, y no la Tierra, estaba en el centro. Esa idea resultó mucho más sencilla para explicar los movimientos de los planetas y abrió el camino a nuevas teorías como las de Kepler y Galileo. En conclusión, el sistema de Ptolomeo se volvió insatisfactorio porque dependía de demasiadas correcciones, y eso motivó a los pensadores del Renacimiento a buscar modelos más simples y precisos.
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