La salvación la trajo Jesús con la realidad del reino. Jesus perdona los pecados, es decir, cura la raíz de la limitación de la persona y la abre al reino de Dios. Así, la persona abandonada una vida apegada a las riquezas, a la soberbia y al orgullo, y entra en otra vida basada en la entrega, el trabajo por la justicia y la paz.