El paisaje cultural-rural es una construcción histórica, social y ecológica que surge de la interacción continua entre territorio, prácticas productivas, organización social y saberes locales. No existe como entidad natural ni como escenario pasivo, sino como infraestructura viva que sostiene la habitabilidad. Cuando estas relaciones se alteran —por urbanización, conservación normativa, turistificación o modelos externos— el paisaje entra en crisis porque pierde su capacidad de sostener la vida cotidiana.
(Martínez, 2019; González, 2019; Núñez et al., 2024)