Comenzó en los años 90 enfocada en destrezas básicas, pero ha pasado a ser una habilidad continua y dinámica, vital para el empleo y la educación, adaptándose a la rápida obsolescencia de las herramientas. Abarca no solo el uso de dispositivos, sino la capacidad de buscar, filtrar y evaluar información, proteger la identidad, colaborar en red y crear contenidos, promoviendo el pensamiento crítico. Transformó el aprendizaje al fomentar la autonomía, la creatividad y la participación activa del alumno, alejándose de la repetición. La alfabetización moderna no es estática, requiriendo adaptabilidad a nuevas plataformas (Google Drive, IA, redes sociales) y el paso de consumidor a creador de contenido. En resumen, fue un proceso de transformación de la sociedad, fundamental para la participación plena en un entorno digital en constante evolucion.