La madera es un material susceptible al deterioro biológico, principalmente debido a la acción de organismos vivos como insectos xilófagos, hongos y bacterias, los cuales afectan sus propiedades físicas y mecánicas. Este proceso de degradación se intensifica en ambientes con altos niveles de humedad, ya que dichas condiciones favorecen la reproducción, el crecimiento y la propagación de estos microorganismos dentro de las estructuras de madera. Como consecuencia, pueden generarse daños significativos que comprometen la resistencia, estabilidad y durabilidad del material, reduciendo así su vida útil y desempeño estructural. (Martiarena, Xabier 1992)