Si miramos por dentro el motor de esta máquina, las instituciones son más complejas de lo que parecen. El Consejo Europeo (los jefes de Estado) es el que da los "golpes de timón" y decide hacia dónde va el barco. Pero el trabajo diario lo hace la Comisión Europea, que no solo propone leyes, sino que es la "guardiana de los Tratados", es decir, la que lleva a juicio a un país si no cumple las reglas. El Parlamento Europeo ha ganado mucho peso, ya no es solo un foro de debate, ahora tiene el poder de decidir el presupuesto y de echar a la Comisión entera si no confía en ella. A esto sumamos el Tribunal de Justicia, que es el que tiene la última palabra sobre qué significan las leyes europeas, y el Banco Central Europeo, que cuida que el Euro no pierda su valor. Es una estructura diseñada para que nadie tenga el poder absoluto.