Por consiguiente, el control estimular implica identificar aquellos estímulos que facilitan o desencadenan conductas desadaptativas y, posteriormente, reducir su presencia, modificarlos o sustituirlos por otros estímulos que promuevan respuestas más adaptativas. De esta manera, se disminuye la probabilidad de que la conducta problemática ocurra, incluso antes de que el individuo deba ejercer un esfuerzo consciente de inhibición.
Esta técnica incluye la creación deliberada de estímulos discriminativos que señalen la emisión de conductas deseadas. Por ejemplo, establecer rutinas, recordatorios visuales o ambientes estructurados facilita la aparición de comportamientos funcionales y reduce la ambigüedad situacional. En consecuencia, el control estimular actúa como una estrategia preventiva que favorece el autocontrol al disminuir la exposición a situaciones de alto riesgo conductual.