Explicación
Tras la conquista, la Corona española necesitó estructurar y controlar los nuevos territorios americanos. Para ello creó un sistema administrativo altamente organizado que regulaba el gobierno, la economía, la justicia y la planificación urbana.
La administración no solo dirigía políticamente, sino que ordenaba el territorio mediante la fundación de ciudades, la asignación de solares, la regulación de caminos, puertos y mercados.
Las ciudades eran la base del dominio imperial: desde ellas se ejercía el control económico, militar y religioso.