El procesamiento emocional en el ser humano no depende de una única estructura cerebral, sino de la interacción dinámica de múltiples regiones que conforman redes funcionales altamente especializadas. Entre estas, el sistema límbico ocupa un lugar central, ya que integra información sensorial, fisiológica y cognitiva para generar experiencias emocionales coherentes y adaptativas. Dentro de este sistema destacan estructuras como la amígdala, el hipocampo, el giro cingulado y el hipotálamo, las cuales trabajan de manera coordinada para evaluar los estímulos, asignarles valor emocional y organizar respuestas conductuales y fisiológicas.