La agricultura fue la principal fuente de riqueza de Roma y su imperio, y se basó en el cultivo de cereales, vid, olivo, frutas y hortalizas. El pueblo romano mejoró las antiguas formas de regadío, construyendo embalses y acequias. Además, introdujo nuevas técnicas, como el arado romano, con reja de hierro; el barbecho; los molinos de agua, para obtener harina; y las prensas, para extraer vino y aceite.