El artículo funciona como una guía muy útil para nuestra realidad en Ecuador, especialmente cuando hablamos de que el progreso debe nacer desde nuestras propias raíces y cultura (desarrollo endógeno). Nos muestra que, aunque es fantástico que las comunidades se adueñen de las metas de bienestar, existe el riesgo de que el gobierno nacional use esto como una excusa para desentenderse, pasando toda la responsabilidad únicamente a los niveles locales. Si observamos lo que ocurre en comunidades como Salinas de Guaranda, vemos un ejemplo muy claro de cómo un pueblo puede transformarse usando su propio ingenio y cooperativismo. Sin embargo, la gran advertencia que nos deja la experiencia noruega es que ni siquiera una comunidad tan organizada puede salir adelante sola, para que ese esfuerzo local no sea en vano, el Estado debe acompañarlos resolviendo los problemas grandes que están fuera del alcance de la comunidad, como las crisis económicas o la falta de leyes nacionales que protejan sus productos. De este modo, el artículo nos enseña que el desarrollo es un trabajo en equipo, la comunidad pone su mayor esfuerzo, pero el país entero debe asegurar ese esfuerzo sea duradero.