La identidad profesional como concepto no se nos enseña durante las prácticas clínicas, sino como conocimiento teórico hasta nuestro último años de formación con conocer currículum como las bases académicas, sin embargo, nos enfrentamos al currículum informal y oculto donde realmente se vive la cultura de la medicina en el entorno hospitalario, incluyendo la socialización profesional, la cual me ha permitido reconocer qué comportamientos, actitudes y responsabilidades se esperan de mí; mientras que el ambiente clínico influye directamente en mi humanidad, resiliencia y flexibilidad. He experimentado cómo las relaciones interprofesionales pueden fortalecer o dificultar la colaboración y tratamiento de pacientes, a la vez, cómo el desgaste emocional y el estrés impactan mi regulación de emociones y mi toma de decisiones aunque aún no son relacionadas a pacientes. Reconocer estos elementos me ha permitido comprender que mi identidad profesional se construye de manera dinámica, a partir de mis experiencias, mis valores y mi capacidad para responder con humanidad, ética y autocuidado en los distintos contextos de la práctica clínica.