Reflexión General: Para mí, la inclusión educativa es un proceso que no solo transforma el aula, sino que también cuestiona y renueva las estructuras, creencias y prácticas que sostienen al sistema educativo. Comprendo que la verdadera inclusión exige compromiso, sensibilidad y, sobre todo, la convicción de que cada estudiante merece aprender en igualdad de oportunidades, respetando su diversidad y su forma única de aprender. Al estudiar la Unidad II, confirmo que avanzar hacia una educación inclusiva implica fortalecer políticas coherentes, actualizar las prácticas pedagógicas y asumir una filosofía profundamente humana, donde la equidad y la dignidad sean el eje de todas las decisiones educativas. Educar desde la inclusión es un acto de justicia, pero también de responsabilidad ética, porque significa creer en el potencial de cada niño y niña, y abrir caminos para que todos puedan participar, aprender y desarrollarse plenamente.