Aunque Kai-Fu Lee reconoce riesgos, su propuesta a veces subestima problemas estructurales (privacidad y vigilancia en el aula, sesgos algorítmicos que reproducen desigualdades, y la mercantilización de la educación por empresas tecnológicas); además, la promesa de “liberar tiempo” para lo humano puede ocultar procesos de desprofesionalización y dependencia tecnológica que empobrecen la autonomía docente y reducen la enseñanza a una gestión de datos y emociones medibles; replantear qué enseñar es urgente, sí, pero no basta con incorporar IA: se requiere regulación clara, transparencia de modelos, formación docente profunda, participación activa de comunidades educativas y criterios pedagógicos que prioricen justicia, pensamiento crítico y creatividad por encima de eficiencia y resultados cuantificables; sin estas condiciones la IA corre el riesgo de reproducir las mismas fallas del sistema educativo en versión tecnológica, en lugar de transformarlo radicalmente.