Please enable JavaScript.
Coggle requires JavaScript to display documents.
Valoración neurológica del paciente crítico - Coggle Diagram
Valoración neurológica del paciente crítico
Tomografía Axial Computarizada (TAC)
Permite ver la estructura interna del cerebro: hemorragias, hematomas, infartos, edema, desplazamientos o fracturas del cráneo.
Se realiza con un escáner que usa rayos X para obtener cortes del cerebro, luego una computadora genera imágenes detalladas.
Es rápida, muy disponible en urgencias y da una imagen clara de lesiones que requieren cirugía o manejo urgente.
No da información funcional (solo estructura). Usa radiación ionizante. El contraste puede afectar los riñones. Requiere trasladar al paciente.
Siempre que se sospeche una lesión intracraneal: traumatismo craneoencefálico, accidente cerebrovascular (ACV), hemorragia o edema cerebral. Es esencial antes de aplicar tratamientos trombolíticos o quirúrgicos.
Catéter de Presión Intracraneal (PIC)
Mide directamente la presión dentro del cráneo en tiempo real (mmHg), lo que permite detectar hipertensión intracraneal.
Se coloca un catéter o sensor a través del cráneo (intraventricular, intraparenquimatoso o epidural). En algunos casos sirve también para drenar líquido cefalorraquídeo (LCR).
Permite un monitoreo continuo y preciso. Ayuda a tomar decisiones rápidas sobre el manejo del edema o la presión intracraneal (p. ej., drenaje, hiperosmolares, posición).
Riesgo de infección, sangrado o errores si no se calibra bien. La colocación es invasiva y requiere personal especializado.
En lesiones cerebrales graves (traumatismo severo, hemorragias, edema cerebral). Se indica cuando se sospecha aumento de presión intracraneal o deterioro neurológico sin causa clara.
Monitorización de la Perfusión Cerebral (PPC)
Evalúa si el flujo sanguíneo hacia el cerebro es suficiente para mantenerlo oxigenado.
Se calcula: PPC = Presión arterial media (PAM) – Presión intracraneal (PIC). También puede estimarse con técnicas como Doppler transcraneal o sensores multimodales.
Permite ajustar el manejo hemodinámico (presión arterial, líquidos, fármacos) para mantener un flujo cerebral adecuado. Ayuda a prevenir isquemia secundaria.
Es una medida global (no muestra perfusión por regiones). Depende de una correcta medición de la PIC y PAM. No refleja directamente el metabolismo cerebral.
En pacientes con edema cerebral, trauma craneal, hemorragia o riesgo de isquemia. Útil en terapia intensiva para ajustar tratamiento y evitar daño cerebral secundario.
Monitorización del Metabolismo Cerebral
Evalúa cómo están funcionando las células cerebrales midiendo oxígeno tisular (PbtO₂), glucosa, lactato y la relación lactato/glucosa.
Se insertan microcatéteres en el tejido cerebral (microdiálisis o sondas de oxígeno intracerebral) que analizan el metabolismo local.
Detecta de manera temprana signos de isquemia celular o falta de oxígeno, incluso antes de que aparezcan cambios en TAC o en el estado neurológico.
Es muy invasivo, costoso y requiere interpretación especializada. Riesgo de lesión local o infección. No se usa de rutina, más bien en casos muy seleccionados.
En pacientes neurocríticos con edema cerebral severo, isquemia progresiva o deterioro sin causa evidente. Útil cuando la clínica o el TAC no explican la gravedad del cuadro.
Electroencefalograma (EEG) continuo
Registra la actividad eléctrica del cerebro, detectando convulsiones visibles y no convulsivas, depresión cortical o muerte cerebral.
Se colocan electrodos en el cuero cabelludo o sensores portátiles; los impulsos eléctricos se registran y analizan digitalmente, incluso de forma continua.
Permite detectar crisis convulsivas “silenciosas” que no se ven clínicamente. Ayuda a valorar la profundidad del coma, la respuesta al tratamiento y el pronóstico neurológico.
Puede verse afectado por interferencias o artefactos eléctricos. Su interpretación requiere personal especializado. No da información estructural (solo funcional).
En pacientes en coma, con sospecha de crisis no visibles, status epiléptico, o para valorar actividad cerebral residual tras paro cardiorrespiratorio o trauma.