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La virtud es un hábito de acción orientado al bien.
La conducta ética busca el justo medio entre dos extremos.
La prudencia (phronesis) guía al individuo hacia decisiones correctas.
El hombre virtuoso actúa conforme a la razón, no a la pasión.
La justicia es la virtud completa, porque implica equilibrio en las relaciones humanas.
La ética práctica consiste en deliberar bien sobre lo que debe hacerse.
El ejercicio de la abogacía exige prudencia como virtud central. la prudencia no es pasividad, sino la capacidad de deliberar bien, decidir con equilibrio y actuar con mesura.
La justicia profesional surge del equilibrio entre la defensa del cliente y el respeto al bien común.
El abogado virtuoso busca armonizar ley, moral y humanidad.
Desarrollar la prudencia como eje del juicio profesional.
Equilibrar el deber hacia el cliente con la obligación hacia la sociedad.
Construir una práctica jurídica basada en la ética del equilibrio.