En las culturas antiguas, las leyendas, relatos y círculos de ancianos cumplían un papel educativo fundamental. Con el tiempo, la escuela se consolidó como institución formal, especialmente a partir de la Edad Media y la Ilustración, cuando la docencia se reconoció como labor específica y profesional.
En América prehispánica, el maestro era visto como “el rostro sabio y corazón firme”, encargado de guiar a otros en el conocimiento y en la vida. Tanto en Europa como en América, la docencia fue esencial en la formación de personas y comunidades.
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