“El conocimiento de lo ocurrido en el pasado puede ayudar a prever el comportamiento futuro de una estructura y constituye una indicación útil para estimar el nivel de seguridad en su estado actual. La historia es el laboratorio experimental más completo y opera, además, a escala real: muestra cómo el tipo de estructura, los materiales del edificio, las conexiones, las juntas, las adiciones y las alteraciones humanas han interactuado con distintas acciones, tales como sobrecargas, terremotos, corrimientos de tierra, variaciones de la temperatura, contaminación atmosférica, etc., lo cual puede haber alterado el comportamiento estructural original produciendo grietas, fisuras, aplastamientos, desplomos, deterioro, colapso, etc.” (ICOMOS, 2004, p. 19).
La historia de un edificio es como un gran experimento a escala real: nos enseña cómo ha resistido a terremotos, cambios de temperatura, contaminación o al simple paso del tiempo. Observar lo que ya ocurrió permite anticipar cómo puede reaccionar en el futuro y valorar mejor su nivel de seguridad. En ese sentido, cada grieta o reparación pasada se convierte en una lección para conservar la estructura con más conciencia.