La educación inclusiva constituye un pilar fundamental en la construcción de una sociedad justa, equitativa y democrática, al reconocer que todas las personas tienen derecho a una educación de calidad sin distinción alguna. Este enfoque busca garantizar la participación plena de los estudiantes, especialmente aquellos que históricamente han sido excluidos por motivos de discapacidad, género, etnia, lengua, situación socioeconómica o cualquier otra condición.