Investigaciones recientes muestran que cada vez más adolescentes y jóvenes reportan síntomas de ansiedad, tristeza, estrés o malestar psicosomático. En los países con altos ingresos, esta tendencia se expresa sobre todo a través de problemas «internalizados», es decir, emociones que se vuelven contra uno mismo, como la ansiedad o la depresión.