La identidad no solo es un reflejo interno, sino también el resultado de las interacciones con su entorno, lo que la convierte en un elemento dinámico y susceptible a la influencia externa. “Identidad es, en Erikson, diferenciación personal inconfundible; es definición o, mejor, autodefinición de la persona ante otras personas, ante la sociedad, la realidad y los valores; y es, en fin, autenticidad, correspondencia de lo efectivamente desarrollado con lo germinalmente presagiado en el plan epigenético constitutivo del individuo” (Pérez Olvera et al., s.f, p. 14). Es decir, se refiere a la singularidad distintiva de cada individuo, a la forma en que uno se define a sí mismo en relación con los demás, el entorno social, el mundo que le rodea y sus propios principios.