Me planteo dar prioridad, de forma intencional y consciente, a espacios de comunicación significativa con mi familia, procurando momentos libres de distracciones donde podamos compartir no solo los éxitos, sino también nuestras fragilidades y preocupaciones. Asimismo, me propongo afrontar los conflictos inevitables no desde la evasión o la frustración, sino con una actitud de aprendizaje, incorporando el sentido del humor que sugiere Ayerra para restar dramatismo a las situaciones y mantener presente que el lazo familiar es más fuerte que cualquier desacuerdo.