El estudio destaca una alteración específica en los niveles de glutamato en la corteza cingulada anterior en pacientes con psicosis temprana, lo cual no solo se asocia con un deterioro cognitivo temprano, sino que también coincide con hallazgos de otros estudios, lo que le da robustez y consistencia.
Esta información es clave porque permite pensar en nuevos enfoques terapéuticos que apunten a normalizar los niveles de glutamato, en lugar de centrarse únicamente en el sistema dopaminérgico, que es el foco de los antipsicóticos tradicionales. Además, la identificación de un biomarcador como el glutamato en ACC puede ayudar a personalizar los tratamientos, hacer un seguimiento más preciso del progreso del paciente y, potencialmente, mejorar el pronóstico a largo plazo.