"En la mayor parte de las culturas no occidentales, el concepto de Patrimonio está más próximo a lo inmaterial, como por ejemplo sus formas de comunicación, tradiciones, técnicas artesanales y un largo etcétera. De esta manera, los monumentos son valorados no tanto por el componente físico, sino más bien por su poder simbólico o representativo. Es por ello que la conservación de su Patrimonio Arquitectónico no implica necesariamente la preservación de la materialidad, pues la autenticidad de este no se expresa a través de sus muros, sino de la capacidad para evocar la identidad de su pueblo (González Moreno-Navarro, 1996, 16)."
Se enfatiza que la recuperación del patrimonio arquitectónico necesita tomar en cuenta no solo su forma física, sino también los valores inmateriales que lo acompañan, como las costumbres y la memoria de las comunidades.