Además de ser un ejercicio que enaltece dignamente la autonomía, el pensamiento crítico, hace parte integrante de lo humano. En el mundo administrativo en el que vivimos, donde solo interesa la gestión, donde todo se ha convertido en una cifra, donde todo tiene que tener un objetivo claro y determinado, el pensamiento, la filosofía, no parece tener lugar, ni parece tener nada útil que aportar a la vida, ni a la civilización. Parece pues algo obsoleto, vano y fantástico
(Sztanjnszrajber, 2013).