Antes de realizar un tratamiento médico o una investigación en salud, los profesionales deben dar al paciente información clara sobre su estado de salud, qué procedimiento se le propone, qué beneficios y riesgos tiene, qué otras opciones existen y qué puede pasar si no se hace nada.
El paciente tiene derecho a:
-Aceptar o rechazar el tratamiento.
-Negarse a recibir medidas médicas que solo alarguen una enfermedad terminal o irreversible, si estas le generan sufrimiento o no mejoran su condición.
-Recibir cuidados paliativos (es decir, acompañamiento médico y emocional cuando no hay cura).
-Que no lo sometan a estudios o tratamientos sin su consentimiento, salvo en situaciones especiales establecidas por ley.
-Si el paciente no puede expresar su voluntad en una emergencia y no dejó instrucciones previas, el consentimiento lo puede dar un familiar cercano o alguien que lo acompañe. Si no hay nadie y es urgente, el médico puede actuar para evitar un daño grave.
Además, las personas con discapacidad también deben dar su consentimiento libre e informado, y se les debe dar la ayuda necesaria para entender y decidir.