Esta metodología surge para mejorar la enseñanza tradicional.
Tradicionalmente, el proceso de enseñanza se concebía como una mera transmisión de conocimientos por parte del docente a sus estudiantes. Estos se limitaban a llevarlos a la práctica mediante la realización de ejercicios y, finalmente, hacían una prueba en la que se les pedía que reprodujeran la información tal cual se les había transmitido; o bien, que repitieran alguna de las actividades ya vistas.
En definitiva, el aprendizaje consistía simplemente en memorizar y repetir, sin analizar ni entrar a valorar nada.
Sus orígenes se remontan a principios del siglo XX, cuando pedagogos como John Dewey comenzaron a explorar la importancia del aprendizaje experiencial y el papel fundamental del contexto en la educación. Desde entonces, el ABP ha evolucionado hasta convertirse en una estrategia clave para desarrollar competencias esenciales en los estudiantes.