Desde mediados del siglo XIX, novedades tecnológicas, la producción del acero en masa con un considerable abaratamiento de los costes y de su precio. El convertidor Bessemer, de 1856; el horno Siemens–Martin, de 1867; y el método Thomas, de 1878. Como consecuencia de todo este proceso de innovación, la producción mundial de acero creció exponencialmente.