El saber urbano análogo tiene un potencial pedagógico porque se incorpora a los procesos educativos, el aprendizaje se contextualiza, volviéndose significativo, uniendo al estudiante con su entorno. La escuela, en vez de un lugar aislado, se transforma en un espacio que interactúa con su territorio. Mediante metodologías activas, proyectos, salidas de campo, entrevistas, mapeos y cartografías sociales, se fomenta una educación más participativa, además de crítica y transformadora.