Este modelo establece un marco para evaluar la calidad del producto de software a través de características como funcionalidad, eficiencia, compatibilidad, usabilidad, fiabilidad, seguridad, mantenibilidad y portabilidad. Se enfoca en cómo se comporta el software una vez desarrollado y cómo cumple con las necesidades del usuario. Es útil para establecer métricas concretas y comparar productos de software entre sí.