El gobierno de América fue reconocido y aceptado, desde los inicios, como pertenencia directa al dominio de la Corona española, y no al Reino. En 1808 Napoleón apresa a Fernando VII, lo que mostró debilidad y pérdida de fuerza, por una parte, y oportunidad, por otra. Tanto en España como en América se instalaron gobiernos locales, con autoridades electas por sus propios habitantes (Cádiz, Sevilla y Aranjuez). En 1809, el Cabildo de Santiago reconoce el gobierno de Fernando VII como acto declaratorio. Los criollos reclamaron derechos para acceder a cargos administrativos, judiciales y mayores libertades personales y de comercio.