En estos casos, el contexto apunta a la existencia de un patrón estructural, esto es, inserto en la esfera simbólico-cultural del orden social o de un segmento de la población, que perpetúa relaciones de dominación, opresión, exclusión o violencia, basados en un sesgo discriminatorio, por ejemplo, la misoginia, el racismo, el clasismo, la homofobia, el adultocentrismo, la aporofobia o prejuicios contra las personas en situación de pobreza, la xenofobia, la discriminación contra personas con discapacidad, migrantes, indígenas, que profesan determinado credo religioso u opinión política, entre otras.