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El Formativo en el Área andina (Según Solórzano) - Coggle Diagram
El Formativo en el Área andina (Según Solórzano)
Características generales del Área Andina
Desde tiempos muy tempranos, las sociedades andinas mostraron una notable capacidad para modificar el entorno natural mediante la construcción de terrazas agrícolas, canales de irrigación y centros ceremoniales monumentales.
La especialización productiva y el intercambio vertical entre distintos pisos ecológicos permitió la articulación económica entre comunidades, lo que contribuyó a la formación de redes sociales y políticas interconectadas a gran escala.
Tiene una diversidad geográfica única, que incluye costa desértica, cordilleras montañosas y selvas tropicales, lo cual determinó estrategias de subsistencia diferenciadas y promovió el desarrollo de múltiples culturas adaptadas a nichos ecológicos específicos.
La puna era un ecosistema de pastos donde se desarrolló el pastoreo de camélidos. En los valles interandinos se cultivaban tubérculos y en las yungas (que eran vertientes orientales) se producían frutas, algodón y hasta plantas medicinales.
Sociedades supracomunales
y los señoríos étnicos de Ecuador
Se caracterizaron por el manejo de redes de intercambio de larga distancia y una economía basada en la agricultura intensiva con maíz, papa, frijoles y otros, así como el pastoreo que sostenía una creciente estratificación social.
Aunque menos centralizadas que los grandes Estados andinos, estos señoríos contaban con jefaturas hereditarias, centros ceremoniales y estructuras de poder que anticipaban formas políticas más complejas como las que surgirían posteriormente bajo dominación incaica.
Se desarrollaron los denominados “señoríos étnicos”, entidades que agrupaban a varias comunidades bajo una autoridad común, normalmente con base en vínculos de parentesco y prestigio religioso.
Sociedades
de la costa norte de Perú
Desarrollaron centros ceremoniales monumentales como los de Caral y, más adelante, Moche, donde el poder político-religioso se expresó en arquitectura, iconografía y control del excedente agrícola y artesanal.
Solórzano afirma que existencia de múltiples centros autónomos con sus propios estilos cerámicos y sistemas simbólicos indica una diversidad política regional, con interacción, competencia y ocasional subordinación entre valles vecinos.
Surgieron algunas de las primeras organizaciones políticas complejas de América, basadas en el control de grandes sistemas de irrigación, lo que permitió sostener sociedades agrícolas jerarquizadas y densamente pobladas.
Sociedades serranas de los Andes Centrales
Para aprovechar los suelos escarpados y maximizar la producción agrícola, desarrollaron sistemas de terrazas y técnicas de regadío, lo que demandó cooperación comunal y favoreció la consolidación de estructuras políticas locales.
Solórzano dice que estas sociedades formaron redes de intercambio vertical que conectaban distintos pisos ecológicos (puna, sierra y selva alta), generando una economía interdependiente y una progresiva diferenciación social.
Se organizaron en torno a una agricultura adaptada a la altura, con cultivos como la papa, oca, mashua y quinua, complementada por el pastoreo de camélidos como llamas y alpacas.
El caso de Chile
La adaptación agrícola a condiciones áridas requirió conocimientos hidráulicos avanzados y promovió formas de cooperación social que sentaron las bases para futuras estructuras jerárquicas y rituales religiosos ligados al ciclo agrícola.
Durante el Formativo, se consolidó en Chile un modelo agrícola-pastoril con comunidades aldeanas organizadas en torno a cultivos de maíz, frijoles, zapallo y el pastoreo de camélidos, lo que permitió un crecimiento demográfico sostenido.
La agricultura en el norte de Chile permitió la sedentarización de grupos humanos y la construcción de aldeas estables, facilitando el surgimiento de comunidades organizadas alrededor de sistemas de irrigación y cultivos como el maíz y la calabaza.
Sociedades del sureste andino
Se desarrollaron complejas sociedades agropastoriles que combinaron cultivos de altura con el pastoreo de llamas y alpacas, organizadas en torno a centros ceremoniales como lo era Chiripa.
Según Solórzano, se mostró un temprano desarrollo religioso con templos y rituales colectivos que permitieron la cohesión de comunidades dispersas, reforzando una estructura social jerárquica basada en el prestigio ceremonial y el acceso a bienes exóticos.
El texto dice que la competencia por recursos y prestigio entre distintos cacicazgos generó alianzas, conflictos e incluso expansión territorial, sentando las bases del sociedades previas a los grandes Estados andinos.
A medida que se consolidaron las aldeas, algunas comunidades comenzaron a estructurarse bajo liderazgos hereditarios, que concentraban poder religioso, económico y político, dando origen a los primeros cacicazgos locales.