Las consecuencias de esta adicción son profundas. Más del 50% de los ludópatas ha utilizado dinero destinado a cubrir necesidades básicas como comida, arriendo o salud (FAD, 2022). A esto se suman conflictos familiares, pérdida de confianza, deterioro emocional y aislamiento. El jugador ya no apuesta para ganar, sino para intentar aliviar la culpa, el vacío o recuperar lo perdido. El juego deja de ser una elección y se convierte en una necesidad que consume todo a su alrededor.