Aristóteles concibe al ser humano como un compuesto hilemórfico, debido a que estamos hechos de hyle (materia) y morphé (forma), en otras palabras, tenemos cuerpo y alma/mente (Acosta Valencia, 2019). Para Aristóteles, todo lo que tiene alma, tiene vida (Acosta Valencia, 2019), por lo tanto, el ser humano tiene alma.
Aristóteles plantea distintos niveles del alma: existe el alma o la potencia vegetativa del alma, la potencia sensible y la potencia racional. Respecto a la potencia vegetativa, esta tiene que ver con las facultades principales de todo ser vivo, como, por ejemplo, la reproducción, alimentación, crecimiento, etc. (Acosta Valencia, 2019).
En cuanto a la potencia sensible, la poseen únicamente los seres humanos y los animales, debido a que esta cuenta con la facultad locomotriz (movimiento) y las facultades sensibles (percepción por medio de los sentidos externos: oír, oler, tocar, saborear y ver) (Acosta Valencia, 2019).
Aristóteles nos distingue del resto de los animales, afirmando que somos animales racionales (Acosta Valencia, 2019), debido a que poseemos la potencia racional: esta potencia indica operaciones mentales, deductivas y actuar de manera moral, ya que, Aristóteles afirma que también el ser humano es un animal político/animal social (Acosta Valencia, 2019).