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El Tratante de Camellos de Babilonia - Coggle Diagram
El Tratante de Camellos de Babilonia
Tarkad hijo de Azore
Tan sólo había comido dos pequeños higos de una
rama que salía más allá del muro de un jardín
no había podido coger más antes de que una
enfadada mujer apareciera y lo echara
Tal vez encontrara a alguien que le pudiera dejar una moneda de cobre
con la que podría pedir una copiosa comida
Distraído como estaba, se encontró sin esperarlo, cara a cara con el hombre al que más deseaba
evitar
Tarkad empezó a balbucear y enrojeció ya que le debia dinero a Dabasir.
No te puedo pagar por culpa de la mala suerte.
¿Y a ti, Tarkad? ¿El estómago vacío hace que tu mente sea más clara?
Las lágrimas acudieron a los ojos del joven, que se arrodilló rápidamente.
-Me has mostrado el camino -dijo-; ahora sé cómo encontrar en mi interior el alma del hombre libre.
Cuanto más nos atenaza el hambre, más activo se vuelve nuestro cerebro y más sensibles nos
volvemos al olor de los alimentos.
Dabasir, el tratante de camellos de largo y huesudo cuerpo
El rostro de Dabasir se iluminó al ver a Tarkad
-Aj Tarkad, justo a quien buscaba, tal vez pueda devolverme las dos monedas de cobre.
La mala suerte persigue a los
hombres que piensan más en pedir que en dejar.
aprendí el
oficio de mi padre, la fabricación de sillas de montar.
Joven e inexperto, yo no sabía que el que gasta más de lo que gana siembra los vientos de la inútil
indulgencia y cosecha tempestades de problemas y humillaciones
Sin tener el dinero necesario, me compré bellas ropas y objetos de lujo para mi esposa y
para nuestra casa.
Fui pagando como pude, y durante un cierto tiempo todo fue bien. Pero un día descubrí que con lo
que ganaba no tenía suficiente para pagar mis deudas y vivir.
La historia que voy a contar relata mi juventud y cómo llegué a ser tratante de camellos.
Pedía prestado a
mis amigos, pero tampoco se lo podía devolver; las cosas iban de mal en peor.
Durante dos años conocí una vida agitada y sin éxitos,
Tus deudas son tus enemigos, te hicieron huir de Babilonia.
Mis deudas son mis enemigos, pero los hombres que me han prestado dinero son mis amigos, pues
han tenido confianza y han creído en mí.
Cuando se está determinado, se encuentran los medios