Se entiende como un estado de conciencia que integra razón, emoción e intuición, pero también se conecta con lo trascendental (Dios, el universo, el vacío, etc., según la creencia de cada quien). Muchas personas tienen experiencias espirituales profundas sin nombrarlas o comprenderlas como tales. Esta perspectiva ayuda a reconocer y validar esas vivencias.