Sócrates consideraba el alma como la parte eterna e inmortal del ser humano, responsable del conocimiento y la virtud, mientras que veía el cuerpo como un obstáculo que distrae el alma con sus necesidades y deseos físicos. Para él, el propósito de la vida era cultivar el alma a través de la razón y la práctica de la virtud, en lugar de centrarse en el cuerpo o en los placeres materiales. Sócrates creía que la muerte representaba la liberación del alma del cuerpo, permitiéndole alcanzar una existencia más pura. De esta manera, la vida filosófica y moral era vista como un proceso de purificación del alma hacia su perfección.